ENTREVISTA A PLÁCIDO, VOLUNTARIO DE MADRID Y ALIMENTOS 

¿Cómo conociste CONCAES?  

Conocí CONCAES a través de la plataforma de prácticas de la Universidad Rey Juan Carlos. La idea de trabajar con personas afectadas por el delito, tanto fuera como dentro de prisión, me pareció una idea muy interesante por sus implicaciones a nivel social y por lo enriquecedora que podría resultar la experiencia como forma de complementar todo lo aprendido en el Grado de Criminología. Me postulé para la oferta de prácticas y unos días después me contactaron para iniciar el proceso; me citaron para una entrevista y, pocas semanas después, empecé mi etapa en CONCAES.  

¿Cuánto tiempo llevas en CONCAES?  

Algo más de tres años, desde el 12 de junio de 2023 hasta la actualidad: cinco meses como estudiante en prácticas y el resto de tiempo como voluntario.  

Cuéntanos en qué programas has participado y sobre tu experiencia en alimentos. 

Mi voluntariado en prisión se ha concentrado principalmente en los programas de Olivo, destinado a mayores de 60 años y orientado a la prevención del deterioro sociocognitivo, y Yedra, enfocado a internos que forman parte del Programa de Atención Integral al Enfermo Mental (PAIEM).  

En ambos grupos, cada uno con su propios matices y particularidades, he tenido la oportunidad de disfrutar de sesiones lúdicas que, en palabras de los internos, “son capaces de hacernos olvidar que estamos presos por un momento”; y también he podido ser partícipe de otras sesiones donde se han tratado temas más orientados a la resocialización, procurando buscar un equilibrio entre diversión y reinserción.  

Posteriormente, he podido ampliar mi experiencia al ser parte de algunas sesiones de Espacio Acuerdo, un taller que se desarrolla en módulos de convivencia y tiene el propósito de generar entornos de debate que faciliten la convivencia y propicien la resolución de conflictos.  

Mi experiencia en el Programa de Alimentos me ha permitido entrar en contacto con otra realidad del delito: la de aquellas personas que tienen a algún familiar preso y se encuentran en una situación de vulnerabilidad, o la de aquellos internos que salen en libertad después de un tiempo. Repartir alimentos mensualmente a las familias que tienen vínculo con prisión y lo necesitan ha sido una forma de completar la instantánea que empieza viéndose en prisión, ya que termina siendo un trampolín que actúa como complemento para un proceso de reinserción.  

A lo largo de estos tres años, he podido ver cómo diversas personas han dado sus primeros pasos de vuelta a la sociedad apoyándose en esta ayuda. Sin embargo, este programa no se limita únicamente a los internos y a sus familiares, sino que también incluye, diversificando su ámbito de actuación, a las familias del distrito de Fuencarral-El Pardo. El contacto con otros grupos en peligro de exclusión social me ha ayudado a conocer problemáticas y contextos que, en algunos casos, difieren de los que se ven en prisión.  

A nivel personal, ¿qué sientes que has aprendido o qué te ha aportado esta experiencia? 

 Pienso que he podido entrar en contacto con una realidad desconocida para una parte importante de la población, como puede ser la del ámbito penitenciario. Ser alumno de prácticas y voluntario de CONCAES ha implicado deshacer prejuicios y humanizar a un colectivo muy estigmatizado. Recuerdo lo sorprendente que me resultó darme cuenta de lo fácil que puede ser entrar en prisión y que nadie está exento de ello. También he podido verificar lo importante que es escuchar a la gente y lo agradecidas que pueden ser las personas cuando inviertes en ellas una parte de tu tiempo.  

¿Qué tiene de especial CONCAES para que decidieses quedarte de voluntario?  

Más allá de la experiencia en sí, que es profundamente enriquecedora, he tenido la suerte de encontrar en CONCAES gente maravillosa que me ha dispensado un trato encomiable. El ambiente es muy bueno, por lo que es fácil sentirse a gusto. Se aprende mucho siendo voluntario, y el trato distendido hace que sea más disfrutable todavía. 

Durante tu participación en los talleres, ¿te has encontrado con alguna dificultad o reto? ¿Cómo lo has vivido? 

 Para mí el reto siempre ha sido trasladar el mensaje de forma que los internos lo interioricen. Lo normal no suele ser encontrar problemas en este punto, ya que la voluntariedad de los talleres socioculturales implica una predisposición a participar y a aprovechar los contenidos del taller. Pero sí que hay casos particulares en los que existe una negativa hacia el mensaje prosocial, muchas veces por cuestión del proceso de socialización del interno, que le ha transmitido un mensaje contrario al que intentamos hacer llegar nosotros. Este tipo de situaciones me han generado cierta frustración, hasta que he llegado a la conclusión de que no siempre es posible llegar a todo el mundo y que no todos tienen la misma predisposición para enfrentarse a unos contenidos. En Alimentos también he experimentado algún momento de tensión debido al incumplimiento de algunos beneficiarios en la entrega de documentación solicitada para ser parte del programa, cosa que implica la retirada de los alimentos. Estos episodios fueron frecuentes sobre todo al principio de mi estancia en CONCAES, cuando se produjo una renovación de la metodología por recomendación del banco de alimentos.  

¿Cómo animaría a más personas a unirse al equipo de voluntariado?  

Les invitaría a dejarse llevar por la oportunidad, o al menos a probarlo una vez. Pienso que transmitir la propia experiencia, especialmente cuando es satisfactoria, es un buen gancho para atrapar a quien dude sobre si embarcarse o no en esta aventura. También sería bueno conocer las preferencias de las personas en cuestión, ya que CONCAES tiene una oferta de voluntariado bastante amplia. El trabajo en redes sociales también puede ser un buen escaparate.  

¿Quieres añadir algo más?  

Me gustaría aprovechar para expresar mi agradecimiento con la asociación y con su equipo técnico, puesto que hacen una labor muy necesaria y con gran convicción. No menos reconocimiento merece todo el equipo de voluntarios que colabora invirtiendo su tiempo en esta labor; y en especial, me gustaría darle las gracias a Conchi, que durante estos últimos tres años ha sido una gran amiga y compañera en Alimentos, así como un gran referente.