
¿Cómo conociste CONCAES?
Llegué a CONCAES hace casi tres años, gracias a un compañero de trabajo que también es voluntario y me invitó a ver la película “Las dos caras de la Justicia” que nos invitaba CONCAES. Acababa de mudarme a Madrid y siempre he sido una persona muy vinculada al voluntariado. Cuando escuché que realizaban talleres de justicia restaurativa —un tema que me apasiona profundamente por mi formación como abogada— sentí que era un espacio en el que quería estar y aportar.
¿Cuánto tiempo llevas en CONCAES?
Casi tres años, participando de manera constante.
Cuéntanos, ¿en qué programas has participado?
Desde que entré, he estado vinculada de forma permanente al programa Yedra en el Centro Penitenciario de Alcalá-Meco. Además, he participado en varias ocasiones en los talleres de Diálogos Restaurativos.
A nivel personal, ¿qué sientes que has aprendido o qué te ha aportado esta experiencia?
Ser voluntaria en CONCAES me ha cambiado mucho. Actualmente no trabajo en el ámbito jurídico, por lo que poder seguir conectada con el derecho —especialmente a través de los talleres de diálogos restaurativos— me ha permitido no dejar de lado una parte de mí que me apasiona.
El programa Yedra, en particular, ha sido profundamente transformador. Cada miércoles que voy soy feliz compartiendo con los participantes. Siento que hoy soy una persona más empática, pero también más crítica. No es fácil no juzgar a personas que han sido privadas de libertad; en algunos casos he conocido el delito porque ellos mismos lo comparten, y eso te confronta. A veces me he preguntado: ¿cómo puedo empatizar con alguien que ha hecho algo así?
Esa pregunta me ha llevado a replantearme muchas cosas sobre mí misma. Con el tiempo he entendido que empatizar no es justificar, y que justamente nuestro deber como voluntarios y como sociedad es ofrecer segundas oportunidades. Creo sinceramente en el cambio de las personas. No desde una mirada ingenua —sé que no todo el mundo cambia y que no somos salvadores—, pero me quedo con ese pequeño porcentaje de personas que sí quieren una vida diferente, que se ilusionan con estudiar, con tener sueños, o simplemente con vivir en paz cuando recuperen su libertad.
¿Qué tiene de especial CONCAES para que decidieses quedarte como voluntaria?
CONCAES es un espacio donde se trabaja desde la humanidad, la escucha y el acompañamiento real. No se trata de “salvar” a nadie, sino de estar presentes, de creer que el cambio es posible cuando se acompaña con respeto y herramientas. Eso es lo que me hizo quedarme.
Durante tu participación en los talleres, ¿te has encontrado con alguna dificultad o reto? ¿Cómo lo has vivido?
El mayor reto ha sido, sin duda, la empatía. Enfrentarte a historias que chocan con tu sistema de valores no es fácil. A veces no sabes por qué empatizas con ciertas personas, y eso genera un conflicto interno. Sin embargo, he aprendido que cuestionarme forma parte del proceso y que crecer también implica incomodarse.
¿Cómo ha sido tu experiencia en los encuentros de voluntariado?
Los encuentros de voluntariado han sido muy enriquecedores. Conocer a otros voluntarios y escuchar testimonios tanto de ellos como del equipo profesional te da herramientas para hacer mejor tu labor.
Aun así, más allá de los encuentros formales, me quedo con las personas. Con cada voluntario y voluntaria con los que he compartido talleres, sigamos en contacto o no. Especialmente con quienes coincidimos cada miércoles en Alcalá-Meco, aunque estemos en programas distintos: compartir miedos, dificultades, aprendizajes y también risas. El voluntariado también es eso: crear comunidad.
¿Cómo animarías a más personas a unirse al equipo de voluntariado?
Animaría a muchas personas a ser voluntarias en CONCAES porque trabajar con personas que han recibido alguna condena te permite abrir mucho la mente y derribar muchos tabúes. Eso sí, no creo que sea un espacio para todo el mundo. No siempre es fácil enfrentarse a realidades que desafían tu moral.
Pero justamente ahí está lo bonito: te reta a cuestionarte, a reafirmar tus valores o a transformar aspectos de tu forma de pensar. A quienes se animen, les diría que vengan con el corazón abierto y con la convicción de que el cambio es posible cuando se acompaña, se ofrecen herramientas y, sobre todo, se está presente.
¿Quieres añadir algo más?
Solo que el voluntariado en CONCAES no es solo lo que se da, sino todo lo que se recibe. Es una experiencia profundamente humana que deja huella.

